viernes, 11 de marzo de 2016

Recomendación: Mr. Robot

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Hace poco le recomendé a un conocido, cuyos gustos no tan exquisitos presumo de conocer de punta a punta, una serie que le resumí como la decadente vida de un genio informático misántropo depresivo que trabaja de día como un programador para una firma de cíber seguridad y de noche como un hacker vigilante anónimo. Cuando lo hice, no me estaba equivocando.

Pero también podría haberle dicho que trataba sobre capibaras y seguir en lo cierto. Es ese tipo de serie.

Por supuesto, si el título no lo había dejado claro de primero mano, les escribo de Mr. Robot.

De la mente de Sam Esmail y estrenada el 24 de julio del 2015, nos llega Mr. Robot constando actualmente de una única temporada de diez capítulos, alrededor de sesenta minutos cada uno, que nos facilitan (o complican) la historia de Elliot Alderson (Rami Malek), un programador de día y hacker de noche como ya les he dicho. Sumado a eso, el mismo personaje se define a sí mismo como alguien clínicamente depresivo, socialmente ansioso, confundido por las relaciones, con gente dependiendo de él y con el deber de derrotar a la corporación más grande en el mundo.

También añade que todo lo anterior lo escogió. Es ese tipo de protagonista.

Elliot trabaja en Allsafe como uno de sus ingenieros de seguridad informática bajo el mando de Giddeon Goddard y junto a su mejor amiga Angela Moss, cuyo novio Ollie es un capullo. Pero el chico Elliot, además de sus muchos problemas ya mencionados, también esnifa morfina (a la cual jura que no es adicto porque él es superior a eso) y está descontento con la sociedad, lo que lo lleva a hackear y entregar a gente a la policía de manera anónima para poner su granito de arena en el mundo. Dichas acciones lo enredan en una conspiración con la versión de Anonymous de este ficticio mundo: fsociety, quienes quieren destruir a la corporación en la cual se ha conglomerado el 1% del 1% en el que se ubican los millonarios del mundo. E Corp.

E(vil) Corp también es el principal cliente de Allsafe. Pero no es ese tipo de conflicto.

Junto a la vida de Elliot, se van encaminando dos tramas más que tienen poco y a la vez mucho que ver con la suya pero esas conexiones son parte de la tarea del televidente, quien es otro personaje más al Elliot romper completamente la cuarta pared, de descubrirlas y ver qué tan hondo llegan las ramificaciones de nuestras numerosas decisiones.

Mr. Robot es, por encima de todas las cosas, una crítica masiva a todos los bandos socio económicos de la sociedad actual. También es un drama con excelentes momentos de tensión y suspenso.

                           
Sin más preámbulos, yo le doy a la serie nueve de diez estrellas y se la recomiendo completamente a todo aquel que disfrutó de Fight Club (1999). Si añado algo más, puede ser y será considerado spoiler. El mero hecho de haber mencionado Fight Club lo es y me disculpo.

Personalmente, no le doy un 10 perfecto por la suma de unos cuantos factores: en mi opinión tuvo un final que si bien no puedo tildar de malo fue decepcionante y, además, a pesar de una muy inteligente trama, creativos y sorprendentes giros y una actuación increíble de mano de Malek, no sentí conexión emocional con la gran mayoría de los personajes exceptuando a Gideon y a White Rose (quien tuvo dos escenas). Podrían haber muerto por combustión espontánea y me habría extremadamente dado igual.



Y la máscara de fsociety parece tanto la hija ilegítima del Coronel Sanders y Guido Fawkes que no puedo tomarla en serio. Y en el minuto siete con treinta y tantos segundos sonó el rap del Donkey Kong 64 en el capítulo 10.

Mucho cerebro, poco corazón.

De todas formas, mis palabras no le hacen justicia y verla es más que un deber para todo televidente contemporáneo.
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miércoles, 9 de marzo de 2016

Vida y chocolate

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No puedo creer que me he vuelto una de esas personas despreciables que escribe con una bebida caliente al lado pero me ha salido la receta de chocolate caliente más divina de universo y tenía que compartir ese hecho por acá.


Lastimosamente, suceden dos cosas:
  1. Columpios Clandestinos no es un blog de recetas.
  2. Tampoco anoté la receta, fue completamente accidental.
Así que, con el corazón en la mano, he de informarles que me llevaré mi achocolatada delicia a la tumba. Como no la han probado y yo no podré hacerle justicia, dudo que les ocupe demasiado ese pensamiento.


No puedo negar la posibilidad de que algún día me salga de forro abrir el editor de entradas, poner la primera receta que tenga en mente y darle click al botón de publicar sin importarme realmente mantener un orden en la temática de mi olvidada esquina virtual. PERO COMO ESE DÍA NO ES HOY...

Ni será pronto, si me pongo a pensarlo. La dificultad de encontrar ingredientes y el precio que estos tienen en el caso de ser encontrados dificultan soberanamente que me tome la molestia de repetir el experimento, así sea la ambrosía del mundo del cacao. Ah, coño, yo misma me estoy vendiendo mi producto ahora. Qué tentador.


Ambrosía del mundo del cacao
Alguien con mucho que aprender de mí

Pero por mucho que quiera concentrarme en la chillona voz de Bob y ser moderadamente feliz, no puedo sacudirme el recuerdo de la situación del país, algo de lo que no es recomendable hablar ni hoy ni nunca. De por sí, Venezuela es un tema polémico para sí misma, sumándole a eso mi muy singular posición (siendo yo una atea apátrida declarada) es difícil conseguir a alguien dispuesto a llevar una discusión no tan acalorada como el mediodía en Maracaibo (una de las ciudades más calientes del país, casi tanto como las cabezas de sus habitantes).

Ah, coño, yo misma me he desanimado. Porque encima de haber sacado tan desagradable tema, he vaciado ya mi taza.
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martes, 8 de marzo de 2016

Percusión

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Ingrid llevaba año y medio viviendo en su nuevo apartamento. Tal vez ya no tan nuevo como para poder llamarlo como tal y lo suficientemente cerca de la casa de sus padres como para perder la novedad de la ubicación más rápido de lo que había pensado mientras hacía los trámites de compra, pero había estado tan emocionada los dos primeros meses que evitar hablar de su “apartamento nuevo” era imposible. Se le había quedado, como una muletilla cualquiera similar a quienes a día de hoy se refieren a un producto por el nombre de la marca más exitosa que los distribuya.

Ingrid llevaba año y tres meses viviendo con su cachorro de labrador, a quien adoptó cuando éste tenía lo que le calculó como cuatro o cinco meses. Tal vez ya no tan cachorro ni tan pequeño como para poder llamarlo como tal en las citas con el veterinario pero, como toda madre que era sin importar la especie de su hijo, siempre lo vería como si fuese su bebé. Un bebé que gatearía toda su vida, que comería del suelo y se apropiaría de la mitad de su cama hasta el último de sus días.

También ladraba cada vez que llegaban visitas.

Alquitrán, bautizado así por haber sido encontrado lleno del líquido hasta el cuello en una alcantarilla a malas horas de la noche, se había acostumbrado a ladrar cada vez que detectaba a alguien detrás de la puerta principal fuese visita o no. Cuando los vecinos volvían a sus casas en horas de la madrugada y posiblemente ebrios balanceándose y acercándose a su puerta mientras iban a la suya propia, Alquitrán salía corriendo de la habitación para plantarse en la entrada. Y ladrar. Y ladrar. Y ladrar.

En el comienzo a Ingrid le había parecido lindo y útil por partes iguales, pues el ladrido agudo del cachorro era un sonido precioso para sus oídos además de un buen reemplazo para el penetrante zumbido del timbre. Pero Alquitrán se volvió más grande y su voz más grave. Retumbaba en las paredes, escandalizando tanto arriba como abajo y a los lados. Como las visitas eran raras y generalmente de día, los comentarios eran escasos y libres de queja alguna pues el perro gozaba del favoritismo de la mayoría de los inquilinos.

Al menos hasta que empezaron los ladridos nocturnos, dos meses atrás.

Al principio, Ingrid los consideró sucesos aislados, completamente merecedores de toda la indiferencia de la cual era capaz una mujer como ella que negaba estar más cerca de los treinta que de los veinte y solía trabajar desde la comodidad de su sillón escribiendo críticas de películas, series y todo lo que se atreviera a mostrarse a través de una pantalla. Cuando notó el patrón, en cambio, decidió molestarse en acompañar al perro cada vez que éste fuese a la puerta tanto de día como de noche.

Sintiendo la negra mirada de Alquitrán a sus espaldas, Ingrid chequeaba religiosamente la mirilla antes de decidir si abrir o no la puerta, cosa que se había malacostumbrado a dejar pasar en su infancia viviendo con un par de padres confianzudos que le daban la bienvenida a todo aquel que se aventurara a tocarles el timbre. Por dicha mirilla vio ebrios y muchachos correteando más de una vez, los ebrios asustándose de los ladridos y los chicos emocionándose de la cercanía de un ser canino.

Los borrachos enojados provocaban que Ingrid le diese una vuelta extra al pestillo pero nunca serían capaces de ponerle los pelos de punta como aquellas veces que, sin importar cuánto esperase de pie con el ojo vigilante, no aparecía nadie detrás de la puerta.

Lo hubiese dejado pasar de no ser porque Alquitrán jamás se equivocaba ni ladraba en otra ocasión, era un perro generalmente silencioso. Una primera vez para todo, pensó Ingrid devolviéndose a su cama con el perro gimoteando atrás, siguiéndola con la cola entre las patas.

Sería erróneo definirla como una mujer que creyese en fantasmas o seres de más allá, más acá o algún otro plano existencial, pero durante esos dos meses sentía una molestia fría por la nuca todas las noches, cada vez que se acostaba a dormir. Sus negaciones firmes pasaron a abrirse y dar cabida a la duda, a la posibilidad. Al miedo. Cada vez que el sol se escondía, Ingrid empezaba un juego de rebotes consigo misma. Ridícula, se llamaba a sí misma por su cobardía, tratando de convencerse de la imposibilidad de sus sospechas. Discutía, argumentaba  y refutaba todo lo que su paranoia dejase colar en su mente pero ello no solucionaba el hecho de que Alquitrán, sin falta, le ladrase a la nada.

Una noche, no mucho atrás, dejó al perro en casa de sus padres. Tal vez les ladrara a ellos, tal vez consiguiese dormir una noche entera en paz. Tal vez sucedieran muchas cosas o absolutamente nada. En toda su vida no había sentido una soledad tan aplastante como la de aquella vez y todos sus intentos por conciliar el sueño fallaron. La cama rechinaba con el más mínimo movimiento sobre ella, las cortinas susurraban, las ventanas crujían por el viento, las voces de sus vecinos repentinamente estaban justo a su lado.

Todo era mil veces más notorio, más ruidoso, más invasivo… Todo era más. Simplemente más. Al menos, lo era sin Alquitrán fielmente a su lado. Incluyendo los ligeros golpes sobre madera que venían de la entrada.

Tocaban a su puerta.

Se escondió bajo las sábanas con el móvil y contó las horas hasta que saliese el sol. Mientras conducía para buscar a su perro, se repetía que lo había imaginado una y otra vez tal mantra. Una cosa era segura, no dormiría sin Alquitrán junto a ella siempre que pudiese evitarlo. Yéndose de casa de sus padres se le ocurrió la brillante idea de pasar la noche con ellos, inventando cualquier excusa para dormir en su vieja habitación. Sus padres, más que alegres de tener a su hija una vez más bajo su techo, habían aceptado.

Se reprochó por creer que había sido una buena idea, pues los juguetes que había dejado la miraban desde las repisas superiores con sus ojos de botón vacíos de vida alguna. Se sintió multiplicadas veces más juzgadas que en la privacidad de su apartamento cuando empezó a llorar al ver a Alquitrán levantándose de golpe a ladrarle a la puerta de la habitación. Sus padres le dirían al día siguiente que tal cosa no había sucedido la noche anterior.

Volvió a su apartamento y así como crecían sus temores, lo hacían las bolsas bajo sus ojos además del mal humor. Hablaba mucho menos pero salía por ratos más largos que de costumbre a pasear a Alquitrán, quien se conformaba con cualquier excusa para corretear en el parque o al borde de la costa. Los momentos en los exteriores llenos de narices húmedas y colas que iban de lado a lado le devolvían un deje de normalidad a su mente, permitiéndole respirar hondo y calmarse hasta que la necesidad de volver al apartamento se volviese inminente.

Con dos meses de insomnio a sus espaldas, decidió que abriría la puerta y luego se golpearía con ella en la cara por su inmensa estupidez.

Así fue Ingrid como llegó a sentarse con las piernas cruzadas y el corazón en la garganta en medio de su sala con el perro echado a su lado. Alquitrán se movía y revolvía jugueteando con su pelota, la viva imagen de la despreocupación que no hacía más que causar la mayor envidia que Ingrid sintió en años.

Esperó.

Y esperó.

Y se quedó esperando.

El reloj del microondas le indicaba que había pasado menos de una hora, la medianoche aún se encontraba en la lejanía, pero Ingrid tenía la sensación de que el sol estaba por salir. Su percepción del tiempo completamente jodida. En algún momento se quedó dormida encima de su perro, despertándose cuando su cabeza se golpeó contra el suelo, su almohada habiéndose levantado a cumplir su rutina nocturna.

Por los ladridos, tratar de oír cualquier otra cosa sería inútil así que sujetó a Alquitrán cerrándole el hocico sin ser mordida para prestar mejor atención. El perro gruñía bajo su agarre pero no le dificultó al escuchar los tres ligeros golpes provenientes de la puerta. En un casi completo silencio, volvió a esperar.

Cada minuto, volvían a sonar los tres golpes hasta que el reloj le marcó las cuatro treinta y siete de la mañana. Ingrid lloraba, con Alquitrán lamiéndole las lágrimas gimoteando, porque no había explicación lógica para que alguien tocara por tanto tiempo y no se retirase o usase el timbre. ¿Otro borracho? ¿Algún niño? ¿Ratones? No, no y no.

Se levantó con las rodillas débiles y a paso lento se acercó a la mirilla, Alquitrán detrás ladrando con su nueva libertad. No había nadie del otro lado.

No había nadie del otro lado y los golpes continuaron.

Incluso podía sentirlos, pues venían justo detrás de la zona donde había apoyado su mano. Ingrid, con un nudo en la boca del estómago, pateó la puerta, frenando las terribles percusiones. Estaba dividida entre sentirse realmente tranquila o admitir la derrota ante la locura. Antes de decidirse entre un lado u otro, la perilla hizo el además de girarse como si alguien quisiese entrar al apartamento. Por buena suerte y previsión por parte de Ingrid, tenía llave. Por no tan buena suerte, los golpes dieron inicio una vez más. Más rápidos, más fuertes.

Más allá del terror, era la rabia la que corría por sus venas despojándola del frío y de todo raciocinio. Si al final era todo un chiste, era uno horriblemente malo.

Agarró sus llaves del aparador, donde usualmente las dejaba, y con mano sorprendentemente firme insertó la del apartamento en la cerradura sin girarla. Inmediatamente cesó todo sonido a su alrededor.

El silencio no hizo más que frenarla un par de segundos pero estaba decidida y llena de una furia que funcionaba como anteojeras ante la lógica de sus acciones, dejándola con un solo curso a seguir. Con una vuelta de su muñeca, quitó el seguro del cerrojo y abrió veloz pero cuidadosamente evitando todo ruido. Ante ella estaban las puertas a los otros apartamentos, tapetes de bienvenida, las escaleras y el elevador pero ninguna señal de vida humana, animal o vegetal.

Se aventuró a dar un par de pasos sin soltar la perilla, las manos le sudaban, y con un chasquido de su lengua contra sus dientes evitó que Alquitrán la siguiera. Cerró la puerta sin voltearse y se asomó por las escaleras. Bajó un piso, subió dos, llamó elevadores y dio vueltas por el pasillo para encontrar que no había nadie ni nada fuera de lo común.

Ingrid dejó pasar la furia para sufrir el peso del cansancio y se devolvió a su apartamento, se sentía lo suficientemente liberada como para considerar que el sueño volvería a ella sin problema. Cuando quiso abrir la puerta, ésta no cedió ante sus intentos. Tal vez le había pasado llave por error, para que Alquitrán no saliera.

Alquitrán comenzó a ladrar desde el otro lado mientras Ingrid buscaba sus llaves. No las cargaba encima a pesar de jurar haber salido con ellas en sus manos. Maldijo por lo bajo y por lo alto, indiferente del reposo de sus vecinos, y le tocó el timbre a la siguiente puerta más cercana.

Una presión, dos y tres.

Sin importar cuánto presionase el interruptor, éste no producía sonido. Pensó que estaría dañado e intentó con otra puerta para descubrir el mismo resultado. Así con la siguiente y la siguiente, todo acompañado por los ladridos de su perro desde su apartamento.

El frío miedo escaló poco a poco por su espalda, volviendo a instalarse en su nuca. Se acercó a su propia puerta y presionó su timbre mientras calmaba al can con falsa tranquilidad en su voz, la cual sentía retumbar en su garganta pero no llegaba a sus oídos. Como en sus intentos anteriores, ni siquiera su propio timbre funcionaba. Golpeó de un puñetazo la puerta y del otro lado golpearon de vuelta. Alquitrán ladró.

Sintió que su corazón detenía su ritmo y sin pensamiento alguno miró a través de la mirilla.

Ella misma se devolvió la mirada.
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lunes, 22 de febrero de 2016

Espuma

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A Tesea le quedaban pocos momentos antes de volverse espuma de mar y perderse para siempre en las olas.

Nadó hasta la superficie con las fuerzas que le quedaban para dejar a su cuerpo ser guiado por las corrientes y mirar al cielo al cual contables veces le había prestado atención. Nunca le había hecho falta, los océanos por los cuales había nadado y bailado hasta que su cola no diese para más eran las únicas galaxias que le hicieron falta recorrer.

Pero ahora, en sus últimos alientos, el interés se despertó impulsado por la imposibilidad y la improbabilidad. Si antes pensar en salir de las aguas había sido soberana ridiculez, en ese momento se volvió irrealizable. Una cola tan hermosa y un mundo tan vasto venían con sus límites.

Se preguntó cómo se verían las brillantes estrellas reflejadas en sus oscuros ojos, si podrían bañarla con su luz como a cualquier otro caminante de la superficie y si su vida habría sido diferente al estar bajo su nocturno cobijo en lugar de haber retozado entre algas y corales de colores absurdos e increíbles. No se arrepentía de su vida pero tampoco podía evitar preguntarse cuando era lo único que le quedaba por hacer.

Su cabello, siempre húmedo y fluyendo al ritmo de su cuerpo, disparaba en todas direcciones y se movía con el vaivén de las olas para hacerle cosquillas sobre su piel. Quería reír, tenía ganas de, pero las perladas lágrimas ya estaban rodando por sus mejillas antes de que se diese cuenta. Sus lágrimas serían lo que dejaría su memoria, ¿llegarían al fondo o una ostra las guardaría? ¿Podrían sus perlas brillar más que las estrellas?

Respiró honda y dolorosamente, el cambio de branquias a nariz nunca cómodo, y sacudió ligeramente su cola con indignación. Era un insulto para sí misma aceptar la muerte y dejarse ir pasivamente, ella era mucho mejor que eso. Había sido mucho mejor que eso y en su orgullo pensó que podría burlar a la magia y escapar de todo confín mortal. Un simple trueque cambiando años de su vida por una belleza que no decayese para encantar a su público. Nada que otras criaturas como ella hiciesen, pues una cara bonita era la moneda de su comunidad.

Ah, para ser bella había que ver estrellas.

Ahora tenía mucho más sentido para Tesea, y a la vez no. Tal vez para ver estrellas había que ser bella, pero eso tampoco porque los caminantes eran seres deformes y podían verlas diariamente. Recordó a cada caminante que había encantado con su voz y se había comido, tan horribles pero tan divinos para su paladar siempre vistiendo telas que quedaban entre sus colmillos pero que servían para hacer todo tipo de adornos y decoraciones para su cabello y su cola. Le encantaba hacerse trenzas con las cadenas de oro que llevaban religiosamente colgado de sus cuellos.

Buenos tiempos los suyos, presentándose en todo tipo de escenarios y alimentándose de las más exquisitas tripulaciones. Suspiró. Los párpados le pesaban y mantener sus orbes abiertas por más tiempo le resultó insufrible. No quería despedirse así de las estrellas ni de las aguas, no podía. En su terquedad, no debía.

Con su último aliento, cantó.

Cantó mientras su piel se arrugaba, mientras se le caía el pelo, mientras se le desprendían las escamas. Cantó mientras perdía el color y perdía el aire. Cantó, cantó y cantó y con cada nota su voz resonaba imposiblemente con más fuerza por lo alto y por lo bajo hasta que simplemente dejó de ser y solamente quedó espuma en su lugar.

Para las estrellas, nunca hubo visión más hermosa.
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Recomendación: Cybersix

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(Hola, lean mi historia aquí o allá y díganme qué tan mal va, adiós).

El día de hoy quiero hablar de una serie animada de TV que pasaron hace ya un buen tiempo y poca gente recuerda o poca gente vio.

Imagen original por IvD-ICE.


Cybersix, emitida a partir del de septiembre de 1999consta de 13 episodios que van sobre la historia de su homónima protagonista, Cybersix, que de noche batalla contra los experimentos del científico Von Reitcher y su hijo José para proteger la ciudad de Meridiana, y de día da clases de literatura bajo el masculino seudónimo de Adrián (René en su doblaje latino) Seidelman. 

El chiste está, primero, en que nuestra protagonista también es un experimento de Von Reitcher, de ahí que su nombre sea un número más, y su batalla contra el más que para salvar la ciudad es para salvarse a sí misma también de ser capturada, y segundo, en cómo maneja su relación con su compañero de trabajo Lucas Amato, quien se ve de una manera u otra atado en las aventuras de Cybersix y no sabe, no debería tampoco, que su amigo Adrián es la misma persona.


Esta serie, además, está basada en un cómic argentino mucho más largo, del mismo nombre y tono diferente. El cómic, creado por Carlos Trillo y Carlos Meglia, toca temas más adultos y posee argumentos que no surgieron en la serie, tanto para poder ser vista por un público más joven así como su corto tiempo de transmisión. También está que el cómic tiene un estilo muy auténtico mientras que la serie demuestra una obvia influencia por el anime (cosa que no extraña porque fue producida por un estudio nipón, TMS Enterntainment). 

Es curioso que la identidad civil sea la falsa y también de otro género, un par de temas que obviamente se tocan más en el cómic pero que no son ignorados por la serie, da mucho de que hablar a altas horas de la noche en algún foro negado por su deidad de preferencia. Otra razón para verla es su excelente animación y apartado musical, pues ha sido cuidadosamente hecha, además de sus bien elaborados personajes. A día de hoy sigo cantando su intro, la cual me gusta más en latino (una novedad para mí).

Personalmente, no he podido dar con el cómic y por eso no hablo directamente de él, pero la serie me ha gustado lo suficiente para creer que merece mucha más atención de la que tiene. Vamos, que merece más amor.


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lunes, 15 de febrero de 2016

Deadlines

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Ando sin responsabilidades mayores (no más estudios, no más trabajo fijo) y a pesar de eso todavía logro estar muy fuera de tiempo con mis fechas límites.

Primero dije que terminaría la primera parte de Humor y Horror antes del 14 de febrero para que hiciese más gracias y así tener la segunda y tercera parte listas para abril. Pero aquí nos leemos hoy, en la primera quincena de este mes con apenas dos capítulos listos y un tercero a la mitad. Soy tremenda joya.

No serán más de topes personales pero eso no los hace menos decepcionantes de mi parte (es como volver a hacer la tesis, aunque con un poco más de seriedad). De igual manera, iba a celebrar en Tumblr con alguno que otro escrito para uno de mis fandoms además de actualizar uno de los relatos que llevo en proceso pero ¿creen que si quiera me he dignado a pensar en hacerlo? Pues no, no me había pasado por la cabeza hasta hace diez minutos.

Estoy que me amarro a algún rolitronco y espero a que algún buldócer venga y me haga el favor de acabar con mi vida.

Eh, no me pasará nada porque la yerba mala nunca muere.

A veces quisiera que King me diese de sus lágrimas para ver si así puedo asemejar mi ritmo al suyo, porque a este paso voy a ser peor que Martin y su Canción de Hielo y Fuego (y no crean que HBO va a ayudar en eso porque van a sacar la siguiente temporada indiferentemente del libro, encima de que la serie ya ha consolidado varias incongruencias con los libros como parte de su trama central).

Podría usar esta entrada para animarlos a hacer una lista y así ser más productivos en conjunto.

Podría.

Pero honestamente ni siquiera me molestaría en pensarla porque créanme cuando les digo que jamás ni nunca cumpliría con ella.
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domingo, 14 de febrero de 2016

La entrada obligatoria de San Valentín

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Feliz catorce de febrero, día del amor y la generalmente dejada de lado amistad.

Podrán darse cuenta de que soy una de las víctimas amargadas de esta fecha y su existencia no me ha hecho feliz en mis veinte años de vida, una verdadera lástima. Pero no temáis por mí, que solo Judas temió e indiferentemente de la religión que profese cada quien sabemos cómo acabó eso.

Para los que no sepan, basta con decir que no terminó bien para pasar la página porque estaríamos tocando temas que no le van bien a nadie en internet.

Les iba diciendo que no temáis, pues este presente catorce no la pasaré completamente sola: tengo a mi perro y un pote de helado de chocolate para hacerme compañía y, siendo honestos, estando así sigo por encima que una considerable parte de la población mundial.

Mefisto: El único amor de mi vida.

Sí, ése es el nombre de mi querido feíto. 

Ah, pero eso no es todo, también voy a salir con dos amigos. A una exposición de anime. Disfrazada de médico de la plaga.

Con cada oración solamente se pone mejor, ¿no? A este paso, una foto mía va a terminar siendo la ilustración debajo de la definición de "vergüenza" en todos los diccionarios habidos y por haber en este plano existencial. 

¿Cuál es el punto de la entrada, a fin de cuentas? Ninguno que vaya más allá de comentarles alguna que otra tontería en mi espacio y preguntarles, además, qué planes tienen ustedes. ¿Irán de manera típica a pasar tiempo con su pareja? ¿Dejarán a algún amigo de lado por la oportunidad de una noche movida? ¿Saldrán con tales amigos de caza? ¿Dejarán a su pareja? Porque sí, resulta que gran cantidad de personas rompe con su pareja en esta fecha o en sus alrededores, y los que no lo hacen en la fecha exacta lo hacen...

Antes, para ahorrarse el día.

O después, para que la otra persona lo disfrute como mínimo antes del ultimátum.

Cualquiera de los dos escenarios no es peor que ir a una exposición de anime disfrazada, se los aseguro.

 Gracias, Gregory, por ilustrar a mis lectores en estos momentos.

En fin, les deseo que hagan lo que hagan la pasen relativamente bien al menos. Sino, aprovechen los chocolates olvidados que se pondrán en descuento por no haberse vendido.

Y para los que realmente no tengan nada que hacer, les dejo una lista de alternativas para que ocupen su tiempo de manera discutiblemente productiva:

A los lectores les recomiendo The sisterhood of traveling pants (de Ann Brashares) tanto porque sigue siendo también el día de la amistad y porque es una lectura amena, ligera y muy representativa, manejando diversos tipos de amor en sus páginas. Un clásico que leí muy joven y que no olvidaré por un buen tiempo.

A los jugadores, les menciono Life is Strange y Grim Fandango, gustándome más el segundo que el primero, para aventuras, buenos personajes, lágrimas y varias, varias risas. Grim Fandango es, para todo amante de las aventuras de antaño, una experiencia que no se pueden perder.

Y para los que solo quieren sentarse a ver alguna películas o una serie, pueden conformarse con que diga The Notebook/El diario de Noah (péguenme un tiro) o seguir leyendo y chequear si se les antoja Orgullo y Prejuicio, El diario de Bridget Jones o, por favor y gracias, Luces de la ciudad/City Lights (de Charlie Chaplin). En cuanto a series, les llegó la hora de desempolvar los viejos episodios de FRIENDS, Mad About You, Will & Grace y, si quieren un poco más de drama, Skins y las varias de Amarican Horror Story.

Sí, sí, voy a una expo-anime y eso significa que puedo nombrarles un par de ellos: Ore Monogatari!!, Boku Dake ga Inai Machi (en emisión), Shigatsu wa Kimi no Uso y Basilisk. O mi actual preferida en cuanto a romance se refiere: Akagami no Shirayukihime.

Sin más ni menos que decir, les mando buenos deseos porque alguien tiene que hacerlo.

(En serio, pásenla bien).
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sábado, 6 de febrero de 2016

Autores cicatrizantes

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Le damos la bienvenida al segundo mes de este 2016 y me disculpo por mencionar tanto el año, la desesperación que tengo de dejar el 2015 (y el 2014) es más que inmensa, más que masiva, más que colosal.

Pero dejemos eso de lado (por siempre) y hablemos de libros, uno de mis temas favoritos. En lugar de hacerles una recomendación el día de hoy, lo cual vendrá eventualmente, me gustaría que habláramos de géneros y autores. Más que todo de estos últimos.

No todos los que me podrán estar leyendo serán escritores, incluso dudo que el veinte por ciento lo sea, pero estimo (o aspiro a) que más de la mitad sean lectores como yo, y como todo ser humano tenemos nuestras preferencias, esas personas que cada vez que publican te hacen saber que tu próxima compra va a ser su última obra, que los días a seguir los pasarás pegado a sus palabras yendo en aventuras por mundos muy hermosos o muy horribles con los personajes que llevan años contigo o que tal vez acabes de conocer, ansioso por descubrir lo que viene a la vuelta de la página siguiente. 

De esos, tengo varios y cada día me alegro de encontrarme a alguien más para añadir a mi pelotón de escritores preferidos porque eso significa que nunca me quedaré sin nada que leer (un escenario de pesadilla).

Pero, pero, pero, perolito, vayamos un poco más allá, hasta el infinito.

Si podemos hablar de la gente que preferimos, podemos también hablar de la gente que nos ha marcado. Esos autores cuyo verbo deja en nuestra vida marcas imborrables, cuyo estilo se cuela entre nuestros dedos y le da nuevos matices a nuestros gestos, palabras y pensamientos. De pronto no todos sus lectores sean o quieran ser escritores como ellos pero ello no evita que se pueda evidenciar lo que han dejado atrás, en nosotros.

Yo, porque no puedo hablar por alguien más, tengo a tres seres que han marcado mi (muy precaria y deficiente) escritura y, aunque jamás he creído y jamás creeré que son los mejores escritores que el mundo ha leído, los cargo en una altamente elevada estima.

Primero, a mi infancia, J. K. Rowling, con su magia, con su crecimiento, con su simplicidad para narrar pero su complejidad al crear mundos en los cuales todavía deseo perderme, con sus personajes humanos, errantes, y valores.

Segundo, a mis horrores, Stephen King, con su exactitud, con su crueldad, con su eficiencia y eficacia, con su manera tan seca y cruda pero necesaria, con los sentimientos inesperados y la eterna lucha de la humanidad contra sí misma, pues no existe mayor enemigo.

Y tercero, a mi aspirada excelencia, Gabriel García Márquez, con su realismo mágico, siempre pintando la belleza en el mundo incluso en los más terroríficos escenarios, con sus miles de desgracias, con sus millones de historias entrelazadas y con sus universos inmensos que caben en la cabeza de un alfiler, con su humanidad multifacética, con su extensa gama de grises entre dos extremos que nunca existieron. Siempre querré ir más a Hogwarts que a Macondo pero esos cien años con él serán eternamente añorados.

Miles de gracias a esos tres sin los cuales yo no sería yo.

A los tres lo recomiendo y considero que lector que no haya leído Cien años de soledad no es lector. Puede que no guste, porque eso pasa y la vida sigue, pero hay que, gente, hay que leer.

Y a ti, ¿quién te marcó?
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jueves, 28 de enero de 2016

De humores, horrores y otros relatos

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Ayer escribí de golpe la primera parte del tercer capítulo de Humor y Horror en la calle 69 y pensé en compartir un avance, así fuese sólo por el mero de hacerlo. Aprovecho también para recordar que bajo la pestaña de Historias pueden encontrar mis más recientes trabajos (y uno de los más viejos) y, además, dejarles el link acá mismo en la entrada de hoy.

Ya hablé de Humor y Horror 1 (sí, 1 porque planeo escribir 2 y 3 al menos), así que les menciono mi primer intento en un romance original: Sin querer queriendo, y mi fallo descomunal en la poesía: Columpio.

También quería invitarlos a escribir y a compartir sus trabajos, pues no solamente me encanta leer sino compartir con otros escritores (ja, como si yo fuese uno) y aprender, a ver si alguna vez escribo algo decente o no.

Sin más, he aquí el adelanto:
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