martes, 13 de diciembre de 2016

Sinsentido

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Aferrándose con toda la fuerza que sus años le permitían a los vestigios de una humanidad perdida, gritó.

Sus alaridos resonaron tanto en la oscura y vacía habitación como dentro de su pecho, creando una melodía desagradable junto al latir de su corazón. Era una sorpresa que, después de tanto tiempo, pudiese permitirse el lujo del sonido a pesar del estado en el cual se encontraba su garganta: desgarrada, desgastada, incapaz de soportar el paso de cualquier tipo de alimento (no importaba, si pudiese su estómago lo devolvería de todas formas).

La muerte era inminente, en especial la suya, y no estaba clamando por ayuda.

Se preguntaba por qué tardaba tanto. Por qué. Por qué. ¿Por qué no llegaba la Parca a pesar de que tanto la llamara?

Manos repletas de sangre ajena y una historia llena de lágrimas que causó era todo lo que le quedaba, además de las cadenas que mantenían su cuerpo firmemente sujeto a la pared.

Había estado tanto tiempo así que a veces creía haber vivido toda su vida en la pared, su pared, dejando los colores, los sabores, la realidad misma, como ilusiones de su mente cruel. Invenciones de su roto espíritu. Otras veces creía que nunca había vivido y, por ende, no podría morir.

Esas veces lloraba horas y horas, días y días. Tal vez solamente minutos. Sin ventanas ni relojes se quedaba sin manera de saber.

Luego, simplemente volvía a gritar.
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lunes, 5 de diciembre de 2016

Opinión: El escuadrón de los comerciales pagos de dos horas

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Lo admito, me quejo acá porque no tengo con quien hacerlo en la vida real.

Como nota rápida, diré que Cazafantasmas (2016) y el Escuadrón Suicida son películas que puedes dejar de ver y no perder absolutamente nada. Es todo lo que comentaré con respecto a la primera, pero para la segunda, tengo unas cuantas palabras para continuar el tema.

Es un hecho que el Escuadrón Suicida es superior que Superman: el hombre de acero y que la Liga de la Justicia, en especial porque Zack Snyder no la dirigió, pero no por ello es buena. Casi, pero no.

Michael Bay para tontos.

Al igual que las demás películas recientes de DC Comics, el Escuadrón Suicida se siente como un tráiler de su versión extendida. Y ya sus propios tráilers eran bien largos y tediosos, mostrando más que los mejores momentos y dejándonos deseosos del contenido que supuestamente iba a conectar tales escenas pero que, al final, falló en ese y otros aspectos.

No haré una crítica sobre la película pero sostengo la opinión de que no vale mi esfuerzo (una lástima, porque ver a Will Smith como Deadshot y a Margot Robbie como Harley Quinn es un gusto), pero sí quiero mencionar algo de la compañía que me ha dejado con mal sabor de boca.

La creencia de que la versión extendida de una película arregla todos los problemas es una que me molesta inmensamente, porque entonces me salto el ver la primera versión completamente. Dicha versión es la que estuvo en pantalla grande, la que llamaba a la gente a gritos con su campaña publicitaria, la que se proyecta en un espacio y tiempo dedicados a crear el ambiente idóneo para su disfrute óptimo.

Yo no gasté mi dinero ni puse el culo en una sala de cine pegajosa para ver la versión extendida de alguna triste película de DC Comics, lo hice por la que ellos decidieron que estaba adecuadamente editada para su muestra. Debió ser suficiente y debió dejarme queriendo más.

Pero no, me dejó necesitando más. Lo dije más arriba, es como si fuese un tráiler de más de hora y media porque lo que necesito ver no fue aquello en lo que invertí dinero porque el producto original estaba vacío, desconectado y simplemente mal. También me dejó necesitando mi dinero de vuelta.

En resumen: DC Comics debe quedarse en la pantalla chica y Zack Snyder en el sótano de su casa.


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jueves, 1 de diciembre de 2016

Recomendación: Kubo and the Two Strings

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El 2016 ha sido un desastre tanto en gran como en pequeña escala. Pero Fidel Castro murió y vengo a expresar mi desvergonzada felicidad.

Soy una mala persona, una horrible persona. Qué dolor.

De todas formas, si esa noticia no es suficiente, les traigo a manera de recomendación una película que casi me hace llorar de lo hermosa que es. No hermosa en el sentido de ay, estos personajes o ay, esta historia. No. La película es hermosa, es preciosa y es dolorosa porque al imaginarme el trabajo monumental que debió llevar me tiembla el corazón.

Esa película de la cual les hablo es la muestra de que el amor al arte existe.


Kubo and the Two Strings (Kubo y las dos cuerdas mágicas o Kubo y la búsqueda del samurai, dependiendo de en dónde vivas) es amor.

También es una producción del estudio Laika, quien previamente nos trajo Coraline y ParaNormal (ambas cien por ciento recomendadas). Es animada y a sus personajes les dieron sus voces actores de alto calibre como Matthew McConaughey y Charlize Theron. Como es usual para el estudio, la película fue hecha en animación stop motion. Tal fue su grado de dedicación, que cualquier ojo despistado podría jurar que fue animada completamente en digital, con modelos 3D en una computadora en el sótano de alguna madre decepcionada sosteniendo una carta de rechazo a los estudios Disney.

Pero no, es stop motion y se nota tanto como a la vez no. Un gran logro que merece mucho más aprecio del que obtuvo, pues apenas pudo recaudar poco más de su presupuesto luego de su estreno en agosto del 2016.

Quisiera hablar de la trama pero cualquier cosa que cuente podría ser demasiado y arruinar tu experiencia, así que me limitaré a decir que acompañaremos a Kubo (Ark Parkinson) en una aventura por diferentes escenarios en la búsqueda de tres piezas de una armadura que le ayudarán a derrotar a un espíritu maligno. Suena lo suficientemente típico y, en lo que refiere a los aspectos más superficiales, Kubo no va a freírte el cerebro con algún giro espectacular (ése es el trabajo de sus visuales y su banda sonora). Me atrevo a decir que a media película ya sabrás como terminará.

Y a la vez no, porque Kubo es una historia sobre amor, sorpresas y, por encima de todo, una historia sobre historias.

Todo ello, envuelto en un épico paquete de ambientes orientales, sentimientos encontrados, madres enfermas y las dos cuerdas de un shamisen que hace origami con música. Papiroflexia musical, quién lo habría imaginado (Laika, por supuesto).

Si los primeros cinco minutos no quedas embelesado con el movimiento de los granos de arena o de las hebras de cabello, es que necesitas lentes o alma nuevos. Ello no significa que no puedas entretenerte con la trama o con sus singulares personajes (como la seria Mona guardiana o el muy simpático Escarabajo), para nada, pues ésta es una producción con mucho que ofrecer si miras bien y no parpadeas.



Y si debes parpadear, hazlo ahora.
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jueves, 10 de noviembre de 2016

Make bailoterapia great again

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No tengo excusas, he estado retrasando escribir para el blog porque sí. Trabajo, familia, videojuegos, películas, diligencias... Nada de eso es razón válida porque si las entradas anteriores las escribí tan full de responsabilidades como sigo estando ahorita, entonces si no he hecho nada es porque no he querido y por eso me disculpo.

Ahora, sí hay un pequeño suceso reciente fuera de la temática del blog del cual creo que vale la pena elaborar al menos un par de párrafos.

Sí, sabes cuál es.

Los Simpson y Volver al Futuro nos lo advirtieron.

¿Estoy sorprendida? No.

Pasé por Chávez y estoy pasando, a duras penas, por Maduro acá en Venezuela. Que un ser como Trump tenga la posibilidad de sentarse tras el escritorio presidencial estadounidense no me sorprende en lo más mínimo.

Pero sí me decepciona.

Y me asusta. Me asusta por la familia, amigos, conocidos y gente que podría haber conocido pero que no lo haré como consecuencia de este acontecimiento. No puedo hacer más que bajar la cabeza y desearles la suerte que acá al sur no tuvimos antes, no tenemos ahora ni parece que tendremos a futuro.

Cuídense.
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miércoles, 19 de octubre de 2016

Opinión: Crimson Peak

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En español, conocida como La cumbre (o montaña) escarlata y en el idioma que acabo de inventar como La película que me hizo respetar a Mia Wasikowska o, como mínimo, saber que puede actuar.

Lo cual habla peor de Tim Burton y las direcciones que dio para el reboot de Alicia (2010 y 2016), al cual yo sostengo bajo una luz muy negativa, que del desempeño de sus actores. Aunque ya Johnny Depp es cuento de épocas pasadas. La vida sigue y hay mejores actores de los cuales hablar, como lo es el elenco entero de Crimson Peak.


Dirigida por Guillermo del Toro y lanzada a los cines el 16 de octubre de 2015, la película se puede describir como un romance.

Sí, leíste bien. Romance. Sí, sé lo que vi en los tráilers. No, nunca confíes en un tráiler. Nunca.

Dejando eso de lado, Crimson Peak nos muestra una historia que da vueltas alrededor de la aspirante a escritora Edith Cushing (Mia Wasikowska) y Sir Thomas Sharpe, baronet (Tom Hiddleston). Durante su infancia, la madre de Edith fallece, pero ello no quiere decir que deje de verla ya que se le aparece para advertirle aléjate de la cumbre escarlata. Alrededor de catorce años después de la tragedia, la muchacha conoce a Thomas Sharpe, el baronet inglés que busca hacer negocios en Norteamérica con su padre y su mesa de inversionistas.

Se conocen mientras Thomas espera al señor Cushing y consigue ojear el borrador del libro en el cual Edith había estado trabajando, al elogiarlo y hacerle un esbozo de crítica logra atraer la atención de la chica. De esa escena pasamos a ver cómo el señor Cushing rechaza la idea de Thomas, una máquina para facilitar la minería de arcilla y, luego, el inicio del romance de nuestros protagonistas. Es un proceso veloz pero que funciona gracias a cortos momentos previos que nos hacen darle la mínima importancia necesaria a Edith, como su postura contra lo que se espera de ella por el hecho de ser mujer que no sacrifica personaje para transmitir una idea.


Edith Cushing es un ser humano con opiniones, no una idea andante. Ésta es una premisa que muchas películas no parecen poder comprender y que, además, parece ser una falla detrás de telones porque el mismo problema se vio en un personaje actuado por la misma actriz en una película diferente: Alicia en el país de las maravillas, la del 2010 arriba mencionada. Claro que, los problemas en Alicia se notan mucho más ya que el elenco de apoyo dejaba mucho que desear también.

No, no le tengo mucho amor al reboot. Sí, tal vez explique el porqué en un futuro.

Volviendo al tema, Crimson Peak es un romance. Un romance entre Edith y Thomas y un romance entre directores y algunos de sus amores cinematográficos que sirvieron de inspiración: The Innocents y The Haunting, del '61 y '63 respectivamente, pues Del Toro quería homenajear las películas sobre casas embrujadas de otrora. Esto último es importante, porque hay una razón por la cual dejaron de hacerse (y por la cual volvieron de manera diferente) y por la cual Del Toro no dice que su película es una de terror.

Las audiencias de ahora se asustarían con dificultad de producciones pasadas, tanto porque los efectos especiales han avanzado en la historia y porque le daba miedo a generaciones pasadas ya no nos afecta de la misma manera, asumiendo que siquiera lo hace del todo. Lastimosamente, la compañía de publicidad que vigilaba sobre esta producción decidió llevarla al público de una forma que creó unas expectativas que jamás iba a cumplir, porque su objetivo era otro.

Con el mero hecho de saber que Del Toro dirigía, ya me esperaba cualquier cosa menor una película que fuese a asustarme. Insectos, una paleta de colores reducidas pero hermosamente utilizada, tragedia, escenarios detallados, historias sencillas pero eficaces, personajes tanto bien escritos como bien actuados y un trabajo de cámara pulcro. Crimson Peak es una buena película, técnicamente hablando. No rompe esquemas sino que reconstruye algunos olvidados para que aquellos que no disfrutaron en su momento lo hagan aquí y lo hagan ahora (léase, cuando salió la película).

Merece más amor, realmente, en especial con esos toques como la sangre elaborada de un color específico o algunos cambios de escena marcados por un cierre muy notorio. Todo está en los detalles y acá no escatiman en lo más mínimo.

Si bien he dejado esta entrada bajo la sección de opiniones, porque me he puesto a hablar más de la cuenta sobre cosas poco relevantes, sí la recomiendo así sea solamente para experimentar otra entrega de uno de mis directores favoritos. Vale la pena verla y, por tanto, no les revelo más de su trama la cual sorprende en las cantidades necesarias para despertar interés aunque dudo que les cause su merecido eureka
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viernes, 30 de septiembre de 2016

Gruño, gruño, gruño

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Ustedes saben que me gustó Zootopia, que me encantó Zootopia y que si no la has visto, deberías.

No por ello he de negar que tiene sus problemas y, como con todo en la vida, al echarle más cabeza de la necesaria a la premisa, ésta pierde la fuerza con la que nos atrapa.

Primero que todo, vuelvo a elogiar su manejo de la moraleja y le repito que sigue siendo una muy buena película digna de repetir pero vayamos al grano. Segundo, la razón por la cual no mencioné esto en mi recomendación es que la problemática que les traigo es una que sufren varias obras en los diferentes medios del entretenimiento cada vez que abordan el tema de un ángulo "especial"

El racismo, el sexismo, la homofobia... El denigrar a alguien por ser diferente es malo, no hay discusión y ya deberíamos haber pasado esa mentalidad antes de entrar a primaria. Ahora, cuando los visionarios quieren exponerlo con alegorías, a veces se pasan de la raya, hacen un cruce a la derecha y arrancan el freno de mano para lanzarlo por la ventana.

Específicamente, me refiero al tema de segregar a los predadores de la presa. Tu color de piel, género u orientación sexual dependen solamente de ti y que te encuentres en X o Y postura en cuanto a cualquiera no me afecta. En cambio, tú como predador es algo que depende de alimentarte de, digamos, mí como presa (o viceversa si volteamos los roles) y así es como mi vida queda indiscutiblemente en riesgo.

Otro caso mucho menos popular lo encontramos en la serie de videojuegos de BioWare: Dragon Age. Siendo Dragon Age del género fantástico, no sorprende que haya magia y con dicha magia vienen aquellos capaces de utilizarla, los magos. No todos los seres de la serie son magos y la magia, por sí sola, es volátil y ha causado más de un traspié a aquel mundo en general. Es peligrosa, en pocas palabras, y uno de los temas recurrentes es encontrar qué carajo hacer con los magos para que vivan (o no) sin morir en el proceso.

En ambos casos, la mera existencia de Grupo A (predadores y magos) es una amenaza para Grupo B (presa, gente no mágica), por ello la posición de vivir y dejar vivir traería consecuencias negativas en tales universos a diferencia de las que debería traer aquí, en nuestro bello y hermoso plano existencial.

El problema, entonces, recae en que las bellas y hermosas mentes contemporáneas acuden a excusas con argumentos razonables para ejemplificar los temas ya mencionados que causan la respuesta que causan en la actualidad por los argumentos ilógicos sobre los cuales se sostienen. Ofendiendo al que le quede el zapato, la religión no es y nunca será excusa válida para odiar a alguien más, tampoco la política ni mucho menos la crianza así que escudarse detrás de ellas para evitar cuestionar es inútil.

La vida es más fácil cuando carece de cabeza para echarle a las cosas.

He ahí mis dos centavos en el asunto, pequeñas curiosidades del entretenimiento.
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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Rompetormentas

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Una pequeña nada inacabada para salir de la rutina en la cual me he clavado con las últimas entradas. Tal vez algún día vuelva a ella para revisarla y, si el destino nos sonríe, acabarla.

edit 26/10/16: Fin.

...

Geryk Rompetormentas había vivido más de cincuenta veranos e inviernos, había visto caer más hombres ante su espada que soles en el horizonte y sembrado más miedo que grano para el pan.

Estaba listo para colgar su armadura, dedicarse al campo y a la mujer con la que quería despertar todas las mañanas, a los hijos que vio crecer desde lejos y al ganado que le daría sustento. Dejó su bélico legado en manos de su ahijado, entregando su escudo a futuras generaciones de valientes, y se acostó a dormir por tres días con sus noches.

Abrió sus ojos y, con su esposa al lado, comenzó una nueva vida igual de dura pero más tranquila.

Transcurriendo entonces diez años de leños cortados, huevos empollados, lana trasquilada y risas ante la hoguera. En ningún momento pensó en unirse a otra guerra, pues dar vida resultó ser más gratificante que quitarla, así fuese en pequeños gestos como ayudar a una yegua traer a su potrillo al mundo o plantar el árbol del cual comería cuando diera sus frutos.

Geryk era feliz.

Al menos, la mayoría del tiempo.

En sus sueños, un águila gritaba su nombre mientras planeaba sobre las montañas oscuras, dibujando un mapa en el cielo que lo guiaría a un reino cuyo nombre susurraban leyendas casi olvidadas. Geryk, ven por la gloria, levántate y anda, encuéntrame.

Tantos años oyendo al animal resultaron en su imaginación volando más alto que la parlanchina águila, ya que no había otra explicación para oír a sus ovejas repitiendo tales palabras.

Luego de descubrir que también escuchaba el susurrar de los labios de su caballo preferido, se acostó pensando en cómo le comentaría a su esposa de su situación. Tal vez visitasen al curandero del pueblo vecino, tal vez lo dejase emborracharse en la taberna más cercana. Alguna solución tenía que funcionar.

Derrochó cuanta moneda pudo hacia sanadores y posaderos pero no hubo brebaje o licor que calmara sus pesadillas. En algún punto, su esposa lo dejó seguir su camino solitario, negándose a soltar el anillo de oro con el cual se habían prometido. Ahogado en su delirio, Geryk no se dio cuenta de su abandono y le hablaba al espacio vacío, imaginando la voz de su mujer junto a las tantas otras que oía.

Durante su camino, conoció y reconoció figuras que lo acompañaron por cortos trechos de su travesía, nunca encontrándose una con otra y jamás manteniendo una misma dirección por más de tres días. Entre ellos, eran de recalcar Iranon, el príncipe mendigo en busca de Airá; el Don que luchaba contra molinos, junto a su escudero quejumbroso; y a su propio hijo.

Docenas de palomas le he mandado, padre, dijo el primero de su sangre a Geryk mirándolo con ojos que no eran ni suyos ni de su mujer. No eran ojos en absoluto, sino espejos donde podía reflejarse todo lo que veía excepto a sí mismo.

Es imposible, le respondió buscando inútilmente su reflejo, porque lo único que sobrevuela estas planicies es un águila que me habla más que tú.

Su hijo no emitió más palabras las noches restantes, desapareciendo a la tercera. Geryk continuó, ausente de sí mismo y sin hablarles a los viajeros que se encontró luego, cosa que no hizo falta pues con nadie más se cruzó. Ni en su escalada por las montañas nevadas, ni en su caminata por el desierto rojo. Ninguno de los ríos de los cuales bebió, ni por arriba ni por abajo, daban con poblados, solamente las ruinas de tiempos anteriores que decoraban el paisaje  le servían como señal de humanidad.

Tanto la barba como las uñas le crecieron, pero la caza mantenía estas últimas cortas y rotas. En la quinta primavera de su viaje, o tal vez la sexta ya que el tiempo no era de importancia para alguien que había dejado de vivir, amanecía todas las mañanas con trenzas y flores a lo largo de sus cabellos. El invierno que lo siguió, su caballo dejó de andar. Geryk, sin pesar alguno, le brindó una muerte veloz y se alimentó de su carne cruda.

Con las flores, las ropas y las barbas entintadas de un rojo que olvidaría lavar, alzó las manos hacia el cielo cuando el sol se levantó. El águila, que lo acompaña dependiendo de si Geryk la recordaba o no, se posó en sus manos huesudas para señalarle con su pico al norte.

Caminaría, entonces, cinco años más con el sol saliendo a su derecha y acostándose a su izquierda.  Perdió tanto sus cabellos como sus ropas pero no existía frío o calor que su cuerpo notase.  Ya cerrar los ojos le resultaba inútil, pues sus visiones llevaban mucho, mucho tiempo siendo su única compañía.

Que sus esfuerzos hayan tenido algún resultado o no, dependerá de alguien más, pues cuando se encontró frente a frente con unas magníficas puertas de oro y diamantes, con sonidos hermosos y olores suculentos, Geryk despertó.

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sábado, 17 de septiembre de 2016

Recomendación: Galavant

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Me encanta cómo dice allí arriba "libros, películas, videojuegos" y quién sabe qué más (porque qué fastidio enfocar la vista a otro lado) y básicamente he hablado solo de series de TV y películas con una que otra queja colada por allí. Ja.

Corrijamos eso hablando de otra serie más

Advertencia, la siguiente es una triste historia que tu corazón no podrá soportar. Porque es una serie que fue cancelada a causa de que nadie, excepto yo, la vio y lastimosamente no pude recaudar los fondos suficientes para pagar una tercera temporada a la productora.

Si ustedes invirtieran en mí, podría haberlo hecho pero no lo hicieron y nos quedamos con las manos sosteniendo las dos únicas temporadas que sacó Galavant.


El homónimo protagonista Galavant (Joshua Sasse) es un caballero que cayó de la cima de la gloria al perder a  Madalena (Mallory Jansen), su único amor verdadero, a manos del vil rey Richard (Timothy Omundson), y, con ayuda de su escudero Sid (Luke Youngblood) y la princesa del país vecino Isabella (Karen David), se embarca en una melodiosa aventura para reclamar su honor y su final feliz. 

Dos y dos son cuatro, no hay mayor ciencia hasta que se nos hace sabedores de que: primero, Madalena se fue quedó con el rey por voluntad propia y, segundo, que dicho rey tiene cautivos a los padres de Isabella, a la cual ha ordenado el traer a Galavant a su corte para ser ejecutado. Ah, y Richard es un completo algodón de azúcar cubierto con tornillos que deberían estar en su cabeza. 

Todo eso, a modo de varias canciones que no saldrán de tu cabeza sin importar cuánto lo intentes. A día de hoy todavía rebota en mi cerebro la infame intro.

Feliz primer episodio, damas y caballeros.


Hijos míos, saquen la licuadora porque es hora de una clase de cocina exprés:

2 tazas de Monty Python
4 cucharadas de Broadway
Una pizca de Tolkien, para darle ese genérico sabor
Mis sueños y esperanzas
2 cucharadas de guiones varios de Dreamworks
Y la check-list  de "todo lo que una imitación de Disney debe tener" que toda producción de fantasía barata cumple.

Licuan todo sin orden alguno, sacan el Monty, retiran el Python, colocan un extra de sarcasmo al gusto y si todavía no les parece suficientemente espeso, échenle más Broadway hasta que se rompan las aspas de la licuadora. Hay que hacer sacrificios de vez en cuando.

No me lo tomen a mal, Galavant me encantó (¡y demasiado!) de principio a fin pero una comedia fantástica musical no va a encontrar mucho lugar entre un público masivo que busca drama, realities o películas de Adam Sandler como forma aceptable de comedia. Para mí es un milagro que una serie como Mr. Robot haya sido tan aceptada como lo fue y tú y yo deberíamos estar viendo su segunda temporada, asumiendo que viste la primera como debiste haber hecho.

Volviendo al tema, si bien tengo una gran preferencia por el rey Richard y por el bufón, quedé muy pegada todos los personajes que aparecieron en pantalla. Me reí con todos los chistes que hicieron y canté casi todas las canciones que mostraron. Disfruté la serie de principio a fin y me hubiese gustado un mundo tener más de ella para pasar mis tardes. Mis agradecimientos a la cadena ABC por haberla emitido (y luego cancelado, bárbaros sin corazón), a Dan Fogelman y a Alan Menken por ser las mentes más prominentes detrás de todo.

Honestamente, esta entrada cae como una recomendación más para convencerte de verla y darle razones a la productora de crear más contenido para moi. Eso más el hecho de el que hayan abierto la segunda temporada con un número musical basado en It's raining men es algo que tu vida necesita ver para creer.

¡Aleluya!

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lunes, 25 de julio de 2016

Recomendación: How to get away with murder

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Ya comenzó la segunda temporada de Mr. Robot y si bien saben que yo hubiese preferido una única temporada perfecta a dos temporadas mediocres por la mera existencia de ésta que está en transmisión, no puedo evitar contener las ganas de ver con qué van a salir ahora. No la he comenzado, pues un capítulo cada semana me mata así que esperaré a que esté un poco más avanzada para decirles qué tal va.

Rami Malek no ha sido otra cosa que excelente como protagonista, qué les puedo decir.

Pero por muchas que puedan ser mis esperanzas en las aventuras de Eliot, hoy quiero mencionarles una serie que puede parecerles no tan buena en comparación pero que sí llegó a clavarse un lugar entre mis favoritas de todos los tiempos.




Este drama legal, conocido en España bajo el nombre de Cómo defender a un asesino, comenzó a emitirse los últimos meses del 2014. En septiembre, específicamente, y todas sus temporadas (incluyendo la tercera que iniciará este 2016) han puesto su primer episodio en dicho mes. Tiene como creador a Pete Nowalk, quien trabajó como escritor, editor y productor en Grey's Anatomy, además de ser co-productor ejecutivo en Scandal, y como productora a Shonda Rhimes, quien es la creadora de Grey's y su derivada Private Practice.

Siendo sincera, jamás me gustó Grey's Anatomy, he estado huyendo de Private Practice y nunca me ha atraído lo suficiente Scandal como para sentarme a empezarla. Sin embargo, somos incapaces de negar que son series que han sonado y continúan sonando incluso después de todo el tiempo que ha pasado así que la serie solamente podía caer en algún punto entre mediocre y buena.

Estaría mintiendo si les digo que el pedigrí que carga la serie con los nombres que lleva detrás fue la razón que me sentó a tragármela entera, porque en realidad fue la jefa de mi último trabajo la que me dijo que o la empezara o que no volviera al siguiente día. He de acotar que ésa fue la misma jefa con la que podía pasar todo el día de trabajo hablando de Star Wars, por mucho que no fuese ese tipo de trabajo que uno esperaría que alguien como yo ocupase.

De una forma u otra, el chantaje funcionó mejor de lo que ella esperaba, pues en menos de un día yo ya estaba enganchada de las faldas de Viola Davis en su interpretación de la protagonista Annalise Keating, una profesora de Derecho Penal que se lleva a un grupo de alumnos selectos a asistirla en sus casos. Entre caso y caso, un problema mayor aparece mientras la relación existente entre el asesinato de una muchacha y el esposo de Annalise, Sam (Tom Verica), se vuelve poco a poco más clara.

La parte interesante es que la serie abre con el asesinato de Sam.

Saber ese pequeño detalle será la menor de tus preocupaciones.

A partir de ese momento, la serie da saltos entre el crimen y todos los hechos aparentemente insignificantes que llevaron al suceso. Con cuidado, porque todo lo que te mostrarán será contradicho para el siguiente episodio y cuando crees haber resuelto el misterio para el, por ejemplo, séptimo capítulo, te das cuenta de que te queda media temporada más y el sufrimiento interno aumenta. Con creces. Leer o escuchar mucho sobre la serie puede arruinar la experiencia que es verla.


Puedo mencionar que todos los personajes son interesantes, tanto los recurrentes como aquellos que están por un episodio y luego desaparecen en el olvido, incluso si como personas te llegan a caer de la patada. En especial si como personas te llegan a caer de la patada. Es el resultado del esfuerzo conjunto entre escritores y actores como Alfred Enoch en el papel del alumno y discutible co-protagonista Wes Gibbins, que nos despiertan el interés cuando Davis no está en escena.

Ante tus ojos encontrarás un elenco más humano de lo que podría esperarse con una premisa como la que la serie te presenta, con relaciones complicadas entre ellos que avanzan en miles de direcciones diferentes, lo cual eclosiona en conflictos internos donde el que tiene la razón es más el que puede convencer a los demás de que es así en lugar de aquel que realmente la tenga. Puede que no sean buenas personas, pero son personas. Indudablemente, son buenos personajes pues, como ya dije, la unión de escritores y actores en esta serie es una de temer y admirar.

Annalise Keating enaltece e impulsa a su elenco en lugar de opacarlos como en otros programas centrados en un personaje clave y sus cómicamente preocupantes caprichos, y así como los ayuda solucionando cada problema de momento los perjudica a la larga cuando se van acumulando las consecuencias una encima de otra como una bola de nieve rodando costa abajo por una montaña. No es una heroína, tampoco es un ídolo a seguir pero que sepa el mundo que esta mujer vino a cumplir lo prometido: enseñarte a salir impune de un asesinato.

Los momentos aburridos son prácticamente inexistentes y cada detalle, cada palabra que se atreva a ser dicha, es importante. La serie se pega a ti por la curiosidad que te produce con sus misterios y dramas pero consigue que desees mantenerla allí, como un chicle en la suela de tu zapato, con personajes humanos y relaciones complejas entre todos ellos, tocando temas que se ven poco en tanto la pantalla chica como en la grande. Y si llegan a verse, rara vez con un ángulo tan abierto sobre la sexualidad y sobre la gente misma.

Importa realmente nada si eres inocente o no, sólo si puedes probarlo.

Si te gustó House M. D. o La Ley y el Orden (específicamente, la división Unidad de Víctimas Especiales: UVE), entonces How to get away with murder debería ser para ti así como lo es para mí. Por favor, vela para que podamos hablar a deshoras sobre ella. Por favor.
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jueves, 21 de julio de 2016

Opinión: de tu mano a la pantalla grande

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Julio ha demostrado ser tanto el mes más ocupado como el más ocioso hasta ahora, con la salida no-mundialmente-oficial de Pokémon GO, juego ante cuyos pies yo también caí como otra víctima. Para Venezuela está sorprendentemente activo (a diferencia de otros países de Latino-américa como Perú) y es posible jugarlo siempre que te cuides para que no te roben el teléfono a, si tienes mucha suerte, punta de navajazos.

Un rapidito: Pokémon GO es un juego móvil que te permite atrapar pokémon con tu teléfono, haciendo uso del GPS y la cámara, lo más cercano a tiempo y espacio real posible. Si piensas, si existes, si respiras, si tienes internet, entonces sabes (porque yo sé que sabes) qué es un pokémon. Al que le va a crecer la nariz es a ti, no a mí, si sigues negando esa realidad.

Pero este sueño hecho realidad no es el tema de hoy, tal vez de mañana. No, no, no. Hoy quiero quejarme porque ha sido ese tipo de semana donde necesito quejarme. O no tanto quejarme como tal, sino hablar sin detenerme sobre algo discutiblemente relevante.

Mucha gente, yo incluida, salta a cada oportunidad existente para criticar todas y cada una de las adaptaciones que hacen para llevar libros a la pantalla grande. A veces salen bien, generalmente salen mal. Cosas que pasan y cosas que pasarán por y para siempre, meter en dos horas o menos el equivalente a quinientas o mil páginas llenas de pensamientos, emociones y las lágrimas que tú lloraste (porque yo sé que lloraste) no es trabajo fácil para nada.

¿Sabes qué es incluso más difícil?

Adaptar un videojuego.

Los libros y los videojuegos son sujetos a algo a lo que las películas logran escapar, para bien o para mal: ritmo. Ritmo en el sentido de que solamente avanzarán mientras tú y nadie más lo haga. Una película puede seguir incluso si parpadeas o vas a baño y no le importa que te pierdas una parte de ella, que igual puedes darle al botón de pausa pero, vamos, es el mínimo necesario. Por eso es que las películas deben tener su propio ritmo, su propia fluidez, ello también tiene su trabajo y crédito pero ya es algo que endurece esa cuarta pared que nos separa de estos medios. 

Una cosa es cambiar palabras por imágenes, una cosa es mostrar en lugar de decir, pero un videojuego ya te está mostrando todo y más de lo que quiere que veas. Solamente queda recortar contenido, incluyendo siempre (porque en el cine no tienes dónde conectar el control de tu empolvada Nintendo) la jugabilidad, la cual es generalmente la razón principal por la cual un juego es jugado.

También está que si puedes leer un libro, entonces lo más probable es que puedas ver una película y viceversa, la gente que no lee es porque le falta la voluntad para ello y no es un pasatiempo en el que quieran invertir, una verdadera lástima. Pero el hecho de leer y ver películas no asegura que vayas a disfrutar de golpear botones sin ton ni son o de correr de un lado a otro como gallina sin cabeza, por lo tanto la relación con los videojuegos no es una calle de dos vías.

No a todos les gustan los libros, no a todos les gustan las películas y no a todos les gustan los videojuegos.

Ey, no a todos les gusta el chocolate.

Horrible, lo sé.

Pero estos problemas, estas vicisitudes, tienen solución. Yo no voy al cine a golpear botones, voy a sentarme, relajarme y a dejarme absorber por la pantallota. Sé que es una película, sé que no necesito hacer nada porque no quiero hacer nada (si quisiera, ¿entonces por qué fui a una película?) más allá de comer y lanzar cotufas (palomitas de maíz), quejarme de los niños llorones y pedirle a la persona del frente que por favor no vaya con un afro porque no puedo ver.

La verdadera raíz del mal está en cuando los visionarios detrás de estos proyectos olvidan que ser un videojuego no es un género. Es el medio. Un medio que ya tenía visionarios detrás: directores, productores, diseñadores, escritores, actores y demás que trabajan igual de o más duro que aquellos en los asientos de Hollywood por un reconocimiento mucho menor. Es básicamente pasar el trabajo de muchas personas a manos de incluso más personas, y muchas manos arruinan la sopa.

En especial cuando a esas manos les importa poco el material original. A veces simplemente creen que van a lograr algo de dinero fácil atrayendo a los jugadores estúpidos porque los videjuegos son estúpidos, claro está, cómo no. Por una lógica como esa es que Super Mario Bros. y Blood Rayne fallaron estrepitosamente, y por una lógica como esa sumada esos hechos es que nadie más se toma la molestia.

Muchas gracias, Uwe Boll.

Si no sabes quién es, créeme que no quieres saber. Créeme.

A pesar de todo, siempre hay una luz al final del camino. Siempre tendremos las primeras películas de Silent Hill (2006) y de Resident Evil (2002) para sufrir solamente un poco. No son buenas en lo más mínimo pero tampoco cumplen los suficientes requisitos para ser mala per se, a diferencia de sus secuelas. La primera utiliza incluso la banda sonora de Akira Yamaoka (aclamado compositor japonés de los primeros juegos de la serie) además de presentar a ratos un respetable trabajo de cámara, como en la escena de transición de un mundo a otro, una casi perfecta adaptación de como ocurre en el primer juego. Y la segunda sabe que no puede mantener la tensión del terror como lo hace la mansión en el juego, así que va directo a la acción y a mostrarte a Milla Jovovich pateando traseros semidesnuda.

Si existe, acaso, otra razón para ver una película con Milla Jovovich que no sea ésa, me avisas. El Quinto Elemento no cuenta.

Y si estas dos obras de la perfecta mediocridad no son suficiente para convencerte, todavía tengo dos ases bajo la manga.

Porque por cada fallo descomunal como Pixels (2015, que en parte es culpa de Adam Sandler, como siempre), existe un Ralph el demoledor (Wreck-It-Ralph, 2012) que abraza ambos medios y no tiene miedo de seguir su propio camino, porque es una película de comedia, de acción y de te voy a conmover contra tu más grande voluntad que si bien no es ni de cerca lo mejor que podrá sacar Disney, sí es una buena película altamente disfrutable por todos porque entiende que el simple hecho de que un medio exista no es suficiente.

Ah, pero nosotros sabíamos que iba a ser buena porque Disney estaba detrás. Disney. Y encima, no estaba adaptando un material ajeno, sino uno original con terribles similitudes al primer juego arcade de Mario. Ése de los barriles y las vías de construcción que estaba llamado por el enemigo Doneky Kong, Mario se llamaba Jumpman y no había princesa Peach/Toadstool sino una tal Pauline que quedó en la oscuridad total.

Ahora, hace nada salió una pequeña, chiquita, diminuta obra que no me daba buena espina en lo más mínimo y que sabía que acabaría recibiendo las peores críticas por supuestos profesionales. No me equivoqué, solamente que no conté con la audiencia misma logrando devolver el triple del presupuesto y siendo un fenómeno total en China.

Damas y caballeros: Warcraft.

Warcraft: The Beginning (2016) no es una película para complacer al hombre blanco de mediana edad que solamente puede alcanzar el orgasmo viendo películas modernas y contemporáneas sobre el sufrimiento del hombre blanco de mediana edad (o Denzel Washington) que parece ser la segunda venida de Alfred Hitchcock. No, es una película de fantasía y acción sin cuartel alguno, es una película para complacer al jugador que pasa horas y horas golpeando botones y teclas, no sentado en una silla pensando en cuál película destruir luego.

E incluso así, una buena parte de la audiencia pudo gustar de ella sin necesidad de haber jugado el juego.

Tú sabes que ya de por sí las películas de fantasía y ciencia ficción van a conseguir el disgusto de la crítica con sus conceptos imposibles y hasta infantiles, tú sabes que 2001: Odisea en el espacio e Interstellar son la excepción y no la regla, tú sabes que solamente la pasión puede darte la fuerza necesaria para aguantar las versiones extendidas del Señor de los Anillos porque la razón saltó por la ventana hace mucho.

Porque sé que lo sabes.

Otro rapidito: Warcraft es un universo de juegos y libros y demás que ha existido desde 1994 con calabozos, guerras entre especies y criaturas fantásticas donde los elfos, orcos y dragones son solamente el comienzo de la lista. A día de hoy ha tenido veintidós años para reunir y mantener un seguimiento terroríficamente fiel porque sí, hay quienes juegan religiosamente aquellos primeros juegos de esta titánica saga.

Y después de tanto tiempo, fuimos premiados con una adaptación que, como película de acción y fantasía por méritos propios, pasa la línea de decente y llega a duras penas a ser buena. Y como una película de un videojuego, es la excelencia misma.

Esto no asegura que te vaya a gustar ni que te estás perdiendo de mucho si decides pasar de ella.

Ey, no a todos les gusta el chocolate.

Pero es un paso en la dirección correcta y fue una agradable sorpresa.
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